Profesor Programa de Sociología - Facultad de Ciencias Humanas y Artes - Universidad del Tolima, Colombia. Ex-Coordinador de la Comisión de la Verdad - Territorial Caquetá. Investigador colaborador del Centro de Investigación por la Paz Gernika Gogoratuz, País Vasco, y de IDEASUR. Conferencista y profesor invitado en temas de estudios de conflictos y construcción de paz. Asesor de proyectos de educación para el desarrollo y la cooperación internacional.
sábado, 30 de septiembre de 2023
Marujita 100 %
lunes, 13 de marzo de 2023
Desmilitarizar la vida en mentes y cuerpos
Hoy la esperanza nace de la posibilidad de entrar en un tiempo nuevo
en el que lleguen por fin los ciudadanos de los valores gratuitos de la paz y la reconciliación,
por encima de la lucha por votos, del dinero y de las armas que no conocen de gratuidad.
Francisco de Roux
Recientemente hicimos un Seminario en dos espacios para reflexionar sobre el tema de la desmilitarización de la sociedad. En Ibagué en la Universidad del Tolima y en Florencia en la Universidad de la Amazonia. Fue una oportunidad para escuchar voces que plantearon la necesidad de entrar en una senda, que nos permita avanzar hacia la transformación social por vías civilistas para alcanzar la paz.
Las sociedades en general y la colombiana en particular, con un largo conflicto armado, dan pie a que se normalice la militarización, no solamente con el camuflado, si no también en los discursos. Es por ello que debe hacerse un ingente esfuerzo por toda la sociedad, especialmente por el espectro gubernamental, para que las instituciones castrenses cumplan su rol constitucional, teniendo claro los Derechos Humanos. Y, por su parte que las instituciones civiles, fundamentalmente las educativas y culturales, lideren las transformaciones creativas, pacíficas y democráticas, de tal manera que se generen procesos hacia la convivencia entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza.
La Ley 2272/2022, en su artículo 11, Modalidad del servicio social para la paz, abre el camino para desmontar un porcentaje importante del cultivo de la militarización de la sociedad, al ofrecer a la juventud la oportunidad de prestar un servicio social sustitutorio al servicio militar obligatorio. En ese sentido, podrán contribuir con su tiempo en labores de alfabetización digital, apoyar a víctimas, en la refrendación del Acuerdo de Paz, difundir la política pública de paz, proteger la biodiversidad, promover la paz étnica, apoyar a las personas en condición de discapacidad, impulsar la reforma rural integral, apoyar a damnificados y, en gestión de riesgos y cambio climático. Es decir, aportar plenamente al cuidado de la vida, a la construcción de paz.
Johan Galtung apunta una clave fundamental en el título de su texto clásico e imprescindible para el relacionamiento humano Paz por medios pacíficos, el cual nos puede ayudar a visualizar ese caminar para conocer los territorios y sus problemáticas al que nos invitaba Alfredo Molano Bravo.
El seminario Desmilitarizar la vida, una apuesta democrática para la paz, propicio temas para seguir profundizando en las distintas esferas del Estado colombiano y en todos los rincones del país. Además, porque la Paz Total nos brinda condiciones para tratar el conflicto político armado de manera amplia y dialogada, ya que el ruido de los tiros nos impide escucharnos, pensarnos como sociedad un tratamiento amplio, generoso y humanista, teniendo presente que la violencia regresa, especialmente en la periferia, como La Hidra de Lerna y pareciera que no hubiese opción a cauterizar la multiplicidad de formas de sus expresiones. Así que debemos construir las barreras democráticas, donde toda -al menos la gran mayoría- la sociedad en un pacto por la vida, cierre esfuerzos educativos, culturales, económicos, sociales y de voluntad política, para evitar que se encienda el país.
La cultura de paz, es el mejor horizonte que tenemos para alcanzar una Colombia armónica, es decir, desmilitarizar las mentes y cuerpos para abrir paso a los discursos y prácticas cotidianas democráticas, para que entre todas y todos levantemos la bandera de la paz, que haga parte de la impronta del alma nacional.
sábado, 3 de diciembre de 2022
Des-aparecidos en Puerto Torres
Hijo símbolo de Dios… tú eras muy pequeñito cuando él se fue.
Me dolió tanto engañarlo por muchos años,
18 años diciéndole mentiritas que él iba a regresar
Madre a su hijo en acto del 4NOV2022
Han pasado dos décadas desde el momento que un grupo de investigación forense de la Fiscalía General de la Nación en el 2002, donde trabajaba la antropóloga forense Helka Quevedo, encontró 36 cadáveres en fosas clandestinas individuales que habían cavado los paramilitares en la inspección de Puerto Torres, municipio de Belén de los Andakíes – Caquetá. Todo indica que estas personas antes de ser asesinadas, fueron torturadas en el aprendizaje de la crueldad, luego eran enterradas para borrar toda evidencia de la acción criminal.
El cuerpo es un territorio que narra. Esa es la labor que se hace desde diferentes ciencias, interpelar e interpretar lo que aparentemente no puede hablar, pero que a través de las huellas dejadas por los victimarios cuentan acerca de su sufrimiento, y pese a todo, mantienen su identidad.
El último Andaquí, escultura del maestro Emiro Garzón, recibe a las personas que visitan a Belén de los Andaquíes. La expresión que presenta la escultura, como lo menciona el profesor Gonzalo Sánchez, sale de la tierra como un fuerte clamor que quiere ser ocultado, hundido en la tierra por los brazos que se le contraponen y le jalan. Precisamente es lo que hoy claman los huesos inermes de desaparecidos y desaparecidas que están en fosas comunes de distintas partes de Colombia: que no los dejen enterrados y silenciados para siempre y poder salir de esa caverna cruel en que les abandonaron sus victimarios. Los 36 cuerpos que fueron hallados en la inspección de Puerto Torres en el 2002, siempre han narrado. Por esa razón, y pese a la dificultad de atención institucional, poco a poco van logrando su identidad, especialmente, por la persistencia de sus familiares.
El crimen de la desaparición forzada ha sido una práctica que creció exponencialmente con la presencia paramilitar en los territorios colombianos, quienes se ensañaron contra las comunidades de territorios abandonados por el Estado, por donde circulaba la guerrilla, siendo señalados de auxiliarlas o porque supuestamente se confabulaban con sus actividades. En el Informe Final de la Comisión de la Verdad, se señala que aproximadamente son 120.000 compatriotas que fueron víctimas de la desaparición forzada, la cual como ocurrió en Puerto Torres, se le agregó la crueldad de ser convertidos en territorios de aprendizaje para formar criminales en la llamada “Escuela de la Muerte” en el antiguo colegio Monseñor Gerardo Valencia del lugar.
El pasado 4 de noviembre, se llevó a cabo un acto de siembra de árboles por los últimos 6 cuerpos identificados, en el Bosque de Paz creado en el 2014 por el Centro Nacional de la Memoria Histórica, con el apoyo del Jardín Botánico de Bogotá en la reserva Van der Hammen. Allí estuvieron presentes familias de los hasta hace poco tiempo desaparecidos, hoy des aparecidos con identidad.
Del grupo de 36 cuerpos, todavía faltan 18 por identificar, los cuales se encuentran a la espera de ser enterrados con nombre propio y descansar en paz, para que sus familiares puedan realizar el correspondiente duelo y rehacer sus vidas en medio del dolor y la resiliencia.
miércoles, 5 de octubre de 2022
Coreguaje / Korebajú “hablamos para sanar”
martes, 27 de septiembre de 2022
Luis Iriondo, un narrador del Bombardeo de Gernika
Luis Iriondo y Fernando Cruz Artunduaga. Gernika, 26ABR2018

