lunes, 21 de septiembre de 2026

Recuerdos de La Noche de los Lápices

Con Pablo Díaz, sobreviviente de la dictadura militar Argentina
(Gernika, 24 de abril de 2023)

En las Jornadas Internacionales de Cultura y Paz de Gernika de 2023, espacio organizado por Gernika Gogoratuz, Centro de Investigación por la Paz, tuve la oportunidad de escuchar y compartir con Pablo Díaz. 

Pablo guardó en su memoria un fatídico hecho de violencia ejecutado por la Policía al servicio de la dictadura militar de Argentina que había iniciado unos meses antes. Aconteció hace 50 años, entre el 8 y el 21 de septiembre de 1976, quedando marcado el 16. La Policía criminal fue recorriendo diferentes lugares de la Ciudad de La Plata, para secuestrar, torturar, desaparecer y asesinar a diez jóvenes que pedían algo que era necesario para poder estudiar, el Boleto Estudiantil Secundario

Hoy permanecen desaparecidos seis de esos jóvenes.

Las dictaduras solo entienden sus lógicas irracionales. Todo acto distinto a sus intereses lo ven subversivo. En el Cono Sur actuaron con mano dura para ejercer execrables actos criminales, que marcaron para siempre la fecha en el calendario mundial de las infamias humanas. 

Pablo Díaz, en 1986, una vez pasada la dictadura e iniciados los procesos de justicia y memoria, pudo contar con palabras sosegadas lo acontecido diez años atrás. Su relato fue base fundamental para la película La Noche de los Lápices de Héctor Olivera.

Dos recuerdos que me permito compartir de la exposición de Pablo en esa primavera:
  • El horror no es cuantitativo; el horror es el horror. En la Argentina dicen que no son treinta mil (Milei); sino nueve mil (personas desaparecidas). Vamos a hacer un taller rápido: 
Pongan nueve mil personas en filas. A la primera, desnúdenla, denle picaña eléctrica en los pechos, en la vagina, en el pene. Viólenla tantas veces como lo necesiten, como lo quieran. Y después quémenla en un horno. A las cuatro restantes van a estar cansados. 

¿A quién vas a llamar para que los ayuden? A su madre, a su padre, a su abuelo, a su hijo, a su amigo. Ahora vuelvan; si no le dio horror la primera, ahí hay un problema moral.

Ese llamado que Pablo hace es una urgencia pública por la ética. Formar el carácter de la persona para que sepa dirimir lo que es bueno o es malo, lo que se debe hacer o no para respetar la integridad y dignidad de la persona. Todo horror puede regresar, así que siempre debemos estar educando y educándonos para la convivencia en paz y democracia. 
  • ¿Saben por qué hice la película La Noche de los Lápices
* Para volverla a ver…
- ¿A quién? 
* (En voz muy baja) A Claudia... -Falcone, desaparecida por la dictadura militar-, a la persona con la cual me enamoré. No la hice para ustedes, pero, 

¡Bienvenido sea que la vean! 

viernes, 7 de agosto de 2026

Desmilitarizar la vida cotidiana


“…la naturalización de la violencia, la militarización del país, la criminalización de la protesta social,  ha hecho que vivamos en modo guerra. Muchas veces, en guerra que no necesariamente usa armas,  pero descalifica, destituye, borra, estigmatiza”.
Lucía González, Comisionada de la Verdad de Colombia


Presento el texto: Desmilitarizar la vida cotidiana. Una apuesta democrática para la construcción de paz territorial, con el propósito de aportar algunas reflexiones que he realizado sobre la temática en el Caquetá, Amazonía colombiana. Este departamento ha sido sacudido históricamente por distintos procesos: colonizaciones, económicos, culturales, educativos y administrativos que han militarizado las prácticas diarias de su gente y, por tanto, de sus paisajes culturales y naturales.

La desolación que atraviesa el mundo, que alcanza impactos insospechados, también pasa por el Caquetá. En especial, por la juventud. Quienes no encuentran sosiego y respuestas a muchas de sus angustias. Es por ello que el refugio de la militarización de sus acciones ofrece un supuesto tótem protector. No obstante, y a medida que se va develando, desnuda sus reales pretensiones. Los riesgos están presentes en lo individual y en lo colectivo, profundizando aún más sus nefastos efectos.

La militarización de la vida cotidiana, hoy por hoy, se ha convertido en un tema de imprescindible reflexión. Desde el núcleo familiar hasta en los distintos espacios sociales. Basta detenernos un poco para que encontremos cómo las respuestas impositivas, para obtener respuestas sumisas, son frecuentes con poca perdurabilidad. Asimismo, son evidentes los impactos en la naturaleza. Por ejemplo, se puede constatar en los monocultivos y la potrerización de selvas para la ganadería extensiva, que arrasan la diversidad ambiental a través de la deforestación mental y territorial.  

Este texto sale al público en un momento en que, en Colombia, luego de vivir una corta etapa de ampliación y protección de derechos sociales y ambientales, crecía la esperanza de afianzarlos para que estuvieran en primera fila. Sin embargo, el resultado de las elecciones en la segunda vuelta presidencial da como ganador al candidato –cuestionado en el proceso de elección–, que se presenta y despide con saludo militar, envía mensajes con tono alterado, y, al parecer, por sus antecedentes, anuncia la militarización de la vida cotidiana a través de la institucionalidad.

En ese sentido, como lo indica el profesor Aníbal Quiroga Tovar en la contraportada del libro, el texto va develando cómo las doctrinas del miedo, la vergüenza, la manipulación y la obediencia se van imponiendo como si se tratara de un proceso de la misma naturaleza. Sin embargo, al mismo tiempo, se proponen alternativas para desmilitarizar la vida, desde los horizontes de la cultura, la educación, el arte y la participación ciudadana.

Es por ello que se hace necesario impulsar con más fuerza la construcción de paz por medios creativos y pacíficos. De tal manera que convoque a la sociedad civil, para continuar profundizando la democratización del país que con tanto trabajo, dolor y resiliencias se ha venido reconstruyendo desde hace décadas. 

En ese sentido, la desmilitarización de la vida cotidiana debe encaminarse a través de la cultura de paz, que como la define la UNESCO, es un conjunto de valores, actitudes, tradiciones y comportamientos que rechazan la violencia, promociona el diálogo, el respeto a los Derechos Humanos, la tolerancia y la solidaridad entre las personas.

martes, 24 de marzo de 2026

Dictaduras con piel de oveja

En Argentina, 
las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental,
porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria
Eduardo Galeano

Exposición fotográfica de desaparecidos-as 
en un centro clandestino de detención, Argentina

El 24 de marzo de 1976, la Junta Militar encabezada por el General Jorge Rafael Videla inicia su acción dictatorial en Argentina; su acción criminal, miserable y cruel marcó no solo a la población de Argentina, sino también a la humanidad. 

Es por ello que, de las huellas de dolor, imposibles de borrar para sus víctimas, debemos aprender para evitar su repetición, especialmente porque hay versiones refinadas que se disfrazan de democracia y apuntan al negacionismo de hechos evidentes e investigados. 

La mano estadounidense estuvo presente, como no podía ser de otra manera. El gobierno de Richard Nixon, a través de su Secretario de Estado, Henry Kissinger, hizo todo el macabro juego al que se acostumbraron a implementar en distintos países y posicionaron su legado “libertario” que hoy renace de forma implacable, nuevamente con su respaldo.

Los militares administraron el país con mano dura y sucia. No escatimaron esfuerzos para ejercer crueldad. Sus ejemplarizantes acciones crearon un “miedo ambiente” en el país, especialmente en sus víctimas, al hacerlas sentir plenamente controladas; se aprovechaban de la esperanza que les creaban de respetar la integridad de sus familias y de retornarlas a la libertad. 

Es un hecho histórico: la sociedad civilizada de Argentina, iniciando por la organización Familiares, luego las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, fueron quienes, con su método socrático, de reflexionar con el andar, llevaron a cabo las acciones definitivas para la caída de la dictadura. El eco constante e incansable de sus voces de denuncia, especialmente de las mujeres, allí y en otras partes del mundo, nos da lecciones de lucha humanista efectiva. En Argentina, con cada paso firme, lograron abrir los orificios por donde luego pasarían las acciones para confrontar, denunciar y llevar ante la justicia a los responsables.

Las paredes de los centros de concentración clandestinos albergaron cuerpos, esencialmente de gente joven, que se quedó asesinada o desaparecida en el camino. Soñaban con un país distinto, democrático, donde la desigualdad en medio de la riqueza no generara miseria y las libertades fueran algo normal. Por ello, la lucha de organizaciones como “Las Abuelas de Plaza de Mayo” o de “Hijos e Hijas por la identidad y la justicia contra el olvido y el silencio”, quienes continúan su trabajo con firmeza y esperanza, tiene importante recompensa ética cuando encuentran a una persona desaparecida en tiempos de la dictadura militar.

Las dictaduras están retornando a la vista de todos, en diferentes partes del mundo, gracias a que se visten con piel de oveja; sin el más mínimo sonrojo, quieren hacer un revisionismo de la historia que ya está constatada, como es la desaparición de más de 30.000 mil personas en Argentina. Se dice rápido la cifra, pero no es tan fácil, cuando se sabe que detrás se incrementa con la de las familias que sufrieron y sufren las ausencias forzadas y violentas de sus familiares. Muchas personas sobrevivientes lograron superar el trauma y rehacer sus vidas; otras sucumbieron, porque la miseria humana no les dejó vivir. 

Las luchas de personas y organizaciones siguen vivas y vigentes. Algunas públicamente no se expresan por el riesgo que pueden correr. Pero, en sus acciones y conciencias habita la libertad. 

Hoy se conmemora en Argentina el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia para que Nunca Más se realice nada que vaya en contra de la integridad humana.

miércoles, 4 de febrero de 2026

El Futuro Ancestral

Ser un alma salvaje es recordar que fuiste diseñado para sentir, 
no para domesticar cada latido
Martin von Hildebrand, en el texto 
El llamado del jaguar: Mi vida en el Amazonas

De izquierda a derecha en Bilbao: 
Fernando, Andrés, Emérita, Emilio y Leandro

La Exposición El Futuro Ancestral, luego de estar en Barcelona, donde la visitaron más de ciento veinte mil personas, viajó el mes de octubre pasado a Donostia-San Sebastián de la mano de sus creadores, entre los cuales participan dos caqueteños, Emilio Fiagama, Mayor de la etnia uitoto y Andrés Cardona, fotógrafo, artista y cronista de la Amazonía, y, por otra parte, el catalán Claudi Carreras, fotógrafo. Estará expuesta en el museo San Telmo hasta marzo del 2026.

Tuvimos la oportunidad de encontrarnos con el grupo de creadores en Bilbao unos días antes de que terminaran el montaje de la exposición. Fue muy grato escucharles las expectativas que tenían de la visita a tierras vascas, las cuales se han ido cumpliendo con muy buenos resultados. 

He compartido con el Mayor Emilio Fiagama en varios momentos en la Maloka Uitoto de Florencia, donde recibe a quienes le visitan con una amplia sonrisa que abre el camino al encuentro. En algunas ocasiones he estado con grupos de estudiantes del programa de Sociología y de Ciencia Política de la Universidad del Tolima, para conversar y reflexionar sobre la cultura aborigen del pueblo Uitoto que estuvo a punto de ser extinguido por la esclavitud a la que fueron sometidos por la Casa Arana en tiempos de la cauchería, peligro que no ha cesado, pues por otros procesos del desarrollismo, su cultura está en riesgo de desaparecer.

El Mayor Emilio es muy activo y ha aportado a muchos procesos locales que se proyectan en el mundo; por ejemplo, participó en la creación colectiva del Tótem Amazónico, coordinada por el artivista Alex Karraskosa, el cual se encuentra en el parque Longitudinal de Florencia. En el documental Maguaré: un llamado por la vida y la Amazonía, que codirigió Emérita Cuéllar Ibáñez en el proyecto Territorios en conflicto, coliderado por Gernika Gogoratuz, y en el podcast Araracuara: vuelo de vida y esperanza en la Amazonia colombiana, que trata sobre el accidente aéreo donde sobrevivieron cuatro menores de la etnia uitoto durante cuarenta días.

La exposición es un llamado de urgencia que hacen distintas voces autóctonas de la región para que miremos la Amazonía, territorio imprescindible para la vida. En ese espacio conviven varios pueblos indígenas, diversidad de fauna y riqueza natural que se encuentra en peligro por la depredación del “hombre blanco”. Por tanto, debe ser habitado con respeto. Y la obligación ética de quienes realizan acciones en ese lugar, es atender lo que dicen sus pueblos originarios para poder conservar el proyecto de la vida, no solamente allí, sino en el mundo.     

La exposición El Futuro Ancestral en definitiva, es un llamado a la humanidad de cada uno de nosotros, de cada una de nosotras, para que escuchemos a los pueblos indígenas, a la fauna y a la flora de la Amazonía y actuemos en consecuencia, pues estamos agotando la última oportunidad sobre la faz de la tierra

martes, 27 de mayo de 2025

Solano´s

Sin salas de espera, pero con esperanza.


En lugares extremos de la geografía colombiana, la exuberante belleza cultural y natural está presente y unida por diferentes factores. Tal como es por la presencia de importantes núcleos de población indígena y afro, quienes, junto a la mestiza, enfrentan la pobreza y abandono estatal con luchas sociales por tener un lugar digno bajo el sol. Son ellos Solano - Caquetá y Bahía Solano - Chocó.

Puerto de Solano - Caquetá

En Solano - Caquetá, se encuentra un porcentaje importante del territorio del Parque Nacional Natural de Chiribiquete -cerro donde se dibuja- un territorio con grandes “lienzos” de piedra. Allí están plasmadas pinturas de distintas comunidades indígenas procedentes de varios puntos de América. En este mismo municipio está Araracuara -nido de las guacamayas- rodeado por el Cañón del Diablo, un lugar por donde pasa el río Caquetá -Yapurá-, segundo afluente del río Amazonas. Sus abundantes aguas penetran a gran velocidad por entre las rocas, formando enormes chorros que impiden la navegabilidad y los peces quedan entrampados saltando sin poder continuar río arriba. Este municipio de momento no tiene carretera transitable; en ocasiones, aupada por politiqueros, se puede pasar temporalmente por una trocha. Su selva y riqueza hídrica ha impedido que llegue una vía en condiciones, quizás como un mensaje de los espíritus de la selva que llaman a que no se abra, porque seguramente se incrementará la deforestación y barbarie de la “civilización”.

Parque principal de Bahía Solano

En Bahía Solano – Chocó, un paraíso donde se abraza el océano Pacífico y una espesa selva en las playas “salvajes”, bastante conservadas aún, se puede apreciar el desove de tortugas o el caminar de miles de cangrejos luego de tomar el sol sobre sus arenales. La riqueza de la fauna que viene de la floresta hace que sea un rincón único en la geografía nacional. Eso sí, no faltan las amenazas por la presencia de traficantes de especies autóctonas, turismo exacerbado y proyectos macroeconómicos de turismo y minería que ponen en alerta a locales y ambientalistas. Aquí tampoco hay carretera para llegar del interior del país. Sin duda, esa carencia, ha ayudado a mantener un aislamiento que hace que se conserve bastante intacto su paisaje selvático. Las ballenas jorobadas que llegan a desovar en el segundo semestre de cada año en las costas de Bahía Solano son un imán que hace que cada vez sea visitada por más turistas, poco conscientes del fenómeno que pueden apreciar. 

Así las cosas, a ambos lugares -Solano y Bahía Solano- de momento se puede acceder solo por agua o por avión. Y su gente está a la espera de que los precios del transporte para los lugareños y sus productos se ajusten a sus economías, lo cual evitaría que se impulsen aperturas de carreteras para conectarlas con las vías nacionales y, por el contrario, su aislamiento sea una ganancia cultural, ambiental, social y económica. 

Las posibilidades de abrir carreteras son proyectos de mucho riesgo, teniendo presente las experiencias nefastas de las penetraciones viales a territorios de reserva natural imprescindibles para conservar el proyecto de la vida, especialmente por la deforestación y depredación de la fauna, pues la cultura mestiza no está educada para convivir respetuosamente con los entornos naturales como sí lo hacen las comunidades indígenas, quienes han tenido la capacidad de mantener esa armonía.

Solano´s son territorios exóticos de la Colombia profunda, que necesitan ser mirados y apoyados por el país centralista de una manera coherente a su realidad. Y no como lugares donde se encuentra la materia prima para sus productos o gente pobre que debe vivir así o quizás aún peor, espacios salvajes que no merecen la atención, solo la explotación.

Mientras tanto, un negro pescador mirando la inmensidad del horizonte que se amplía desde el poblado de Bahía Solano sobre el mar pacífico, me dijo algo similar a lo que le escuché a un indígena en el puerto de Solano sobre el río Caquetá: “No estoy de acuerdo con que abran la carretera para comunicarnos con el centro del país, pues será la antesala del fin de esta belleza natural. Llegado el caso, las veces que me consulten, votaré NO”. 

Sabía reflexión.

lunes, 17 de febrero de 2025

Molano itinerante

A la gente hay que llegarle al hueso, a su almendra. 
Hay que ayudarle a despojarse de sus ataduras y representaciones. 
Más allá de la envoltura, a veces blindada, está la persona que interesa. La real. 
Es ella la que tiene que hablar para que la palabra del escritor sea su palabra.
Alfredo Molano

La ciudad de los Puentes, Honda - Tolima, acoge hasta abril del 2025 la exposición sobre el sociólogo, escritor, periodista y comisionado de la verdad de Colombia Alfredo Molano Bravo (1944-2019).

Alfredo acercó la Colombia profunda al centro, ayudó con su escucha atenta a todo, a comprender que en esos lugares se configuró una forma de ser y estar difícil de comprender cuando se lee con códigos académicos o elitistas, porque en el fondo no quieren dejar ver lo que acontece en esos territorios donde se cuece de otra manera el país.

El “método” Molano, sencillo y quizás de cauce normal de muchas actividades humanas, tal como es el andar, escuchar y narrar, trae consigo su complejidad, cuando se preparan los bártulos para emprender su desarrollo.

Andar los territorios. Molano “buscó un camino original e inverso al academicismo”. Antes de escribir una línea,  hay que ir a los lugares de los acontecimientos. Preparar La Mochila física y mental requiere su tiempo, pues hay que estudiar el entorno a visitar, su gente, sus procesos históricos, su geografía, su economía, su ecosistema. Elaborar mapas, llevar la libreta, el lápiz, entre otros. Todo requiere la paciencia del artesano que trabaja la filigrana del tejido para que no se escape detalle alguno. 

Escuchar a la gente y el territorio. Todo habla, las voces locales, con sus modismos y espiritualidad, que sólo se puede comprender e interpelar cuando se conoce el lugar. Los sonidos de las aguas que recorren ríos, o se lanzan en picada en las cascadas o bajan suavemente entre el musgo, te dicen algo del espacio, de su historia. Por supuesto, las brisas que empujan las hojas y ramas de pequeños y grandes árboles, las cuales al caer son la alfombra del chasquido de los pasos de animales que avistan su entorno. O las aves que alzan vuelo para llevar el mensaje a la Colombia que juiciosamente frente a su Dios enjuaga sus pecados, mientras oculta sus mierdas debajo del tapete de entrada de la casa.

Y, narrar. Un arte que Molano desarrolló, gracias a su talento, dedicación y respeto por la gente que conocía en un camino, en la fonda o siguiendo el corte, porque sabía que allí estaba la esencia del ser curtido por las experiencias que vivía en un lugar agreste que le brindaba un horizonte de expectativa de mejorar su vida y la de los suyos.

En la exposición se encontrarán con textos como este:

“Para contar, primero es preciso escuchar. Y escuchar implica dejar en silencio no solo la boca, sino la cabeza, los prejuicios y los odios. Para contar la historia de una persona del Caquetá, se necesita cruzar el páramo de Sumapaz, saber en qué dirección corre el río Pato, entender que la región se pobló con colonos que huyeron del ataque del ejército a las guerrillas campesinas de los años cincuenta. Para contar la historia de un caqueteño, hay que pasar por la guerra y los procesos de paz, entender las lluvias de mayo y las quemas de julio. Para escuchar la historia de un colono en el Caquetá, se requiere dejar a un lado los juicios que se tienen sobre los cultivos de la coca o sobre la decisión que empuja a un hombre a tomar las armas, ya sea de los paramilitares o de la guerrilla…”

Los escritos y las imágenes posibilitan dialogar con el protagonista de la exposición: Alfredo Molano. Caminos y puentes con la otra Colombia en la Casa Museo Alfonso López Pumarejo en Honda. Para llegar a más gente, el Museo Nacional de Colombia siendo fiel al legado de Alfredo, facilitará para que la exposición sea itinerante. Así crecer con las narrativas locales y no desfigurar las historias de sus visitados. De esta manera, se podrá cruzar varios puentes que Molano tendió entre las Colombia´s


domingo, 3 de noviembre de 2024

Abrazar territorios de paz


Miravalle. Desolación por desplazamiento forzado (20AGO2024)

Papá, yo quiero irme a vivir a mi mundo real, en mi casita real, con mis amigos…
Palabras de un niño desplazado del aETCR de Miravalle.

En el Acuerdo de Paz del 2016, firmado entre el Gobierno de Colombia y las antiguas guerrillas de las FARC-EP, se diseñaron para el proceso de reincorporación de los miembros de esa insurgencia unos lugares que se llamaron Zonas Veredales Transitorias de Normalización, las cuales pasaron a llamarse posteriormente Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). La dinámica del proceso fue cambiando y esos lugares que se habían pensado como temporales se han ido afianzando en pequeños centros poblados, varios están a la espera de ser reconocidos administrativamente en los municipios donde están ubicados. 

Los antiguos ETCR han convocado las miradas de propios y extraños a los territorios donde están ubicados, muchos de los cuales eran desconocidos para la Colombia del centro. Es así como ha sido posible conocer paisajes y ser aprovechados por parte de las propias comunidades mediante distintos procesos; convirtiéndose, pese a muchas dificultades, en lugares donde se han ido consolidando expectativas de la implementación del Acuerdo de Paz del 2016 y las transformaciones territoriales. Sin embargo, la reactivación de algunas acciones del conflicto armado, han traído como consecuencia amenazas sobre la integridad de pobladores de varios antiguos ETCR, conllevando a desplazamientos forzados “programados” de quienes allí habitan. El último suceso de desplazamiento aconteció el 20 de agosto pasado, recayó sobre la gente de Miravalle en El Pato, municipio de San Vicente del Caguán – Caquetá.

Acciones de este tipo, en contra de lo avanzado en el Acuerdo de Paz del 2016, son incomprensibles, en un país cansado de tanta violencia y donde la inmensa mayoría quiere pasar página de la larga, dolorosa y oscura noche en la que millones de personas han padecido sus consecuencias de manera directa en sus continentes corporales.

Una persona reincorporada expresó en una reunión cómo uno de sus hijos le dijo que quería vivir en su mundo real, con sus amigos. Una aspiración básica de un pequeño, el habitar donde ha dado sus primeros pasos y jugar con sus vecinos en los alrededores de su hogar. En este caso, ya no es posible. Por supuesto, tampoco lo es para esos padres y madres firmantes del acuerdo de paz que quieren rehacer sus vidas, emprender iniciativas laborales y vivir con su gente. Salir desplazado de manera forzada es volver al pasado y reiniciar el desarraigo. 

En la coyuntura actual del país, con apertura a negociaciones de paz, es insensato que actores que siguen en armas continúen con amenazas para forzar el desplazamiento de pobladores de los territorios, incluidos los que habitan quienes han tomado el camino de la palabra para controvertir y transformar. Asimismo, que una parte de la sociedad que nunca estuvo en armas tomen posición de venganza y justifiquen este tipo de actuaciones con discursos de odio como “bien hecho que les pase eso” o “que sufran como hicieron sufrir", refiriéndose a los firmantes del acuerdo de paz, cuando el camino debe ser el de transitar hacia un escenario de convivencia en democracia.

En ese sentido, desde la universidad pública colombiana, hemos venido expresando nuestra solidaridad con todas las víctimas del conflicto armado y convocamos a que no se siga con esa espiral de la violencia. También, la disposición a acompañar procesos formativos en distintos campos del conocimiento en los territorios. Igualmente, la disposición para generar puentes de comunicación y poner a disposición los campus universitarios como espacios para el crecimiento humano, pues la formación y el diálogo son fundamentales para mejorar las condiciones de las personas que han dejado las armas y sus entornos sociales.

Hay muchas cosas por construir entre todos y todas. Por eso, invitamos a quienes siguen con armas en las manos y en sus cabezas a que las depongan, y se encaminen en la vía del respeto por la integridad del otro, de la otra. De tal manera que se puedan escalar los peldaños democráticos que impidan que se sigan abriendo más heridas que profundizan dolores y desesperanzas. Por el contrario, seguir la lucha pacífica para alcanzar la meta de una vida con justicia social.