jueves, 7 de noviembre de 2013

Congreso de la Red de Universidades por la Paz, 2013


IV Congreso Nacional y I Internacional de REDUNIPAZ, en memoria de los profesores Alfredo Correa de Andréis y de Orlando Fals Borda, constructores de paz y democracia.

Entre el 23 y 26 de octubre pasado en Cali, tuvimos la oportunidad de reunirnos cientos de docentes y estudiantes universitarios, con el fin de debatir sobre la violencia, el conflicto y la construcción de paz en Colombia.

Es de destacar la articulación que tuvieron diferentes universidades del Valle del Cauca para desarrollar los distintos temas en mesas de trabajo en cada uno de sus claustros. La Asamblea final del Congreso decidió realizar la próxima edición en Ibagué, donde la Universidad del Tolima asume la responsabilidad de coordinar el trabajo con otras instituciones de educación superior del departamento.

Retomo uno de los apartes de la Declaración Final, debido a la importancia que tiene para la sociedad colombiana, no solamente para el trabajo que hoy se desarrolle desde el campo educativo, sino desde diferentes sectores de la sociedad, porque la paz es una tarea de todos y todas.

“REDUNIPAZ invita, en este sentido, a que las negociaciones se conviertan en una Política de Estado Permanente para la Construcción de la Paz, que le dé continuidad a los Acuerdos y entregue garantías a los actores del conflicto político, social y armado, para preservar sus vidas y la participación política en la vida nacional.”

domingo, 1 de septiembre de 2013

Colombia: País de agrodescendientes

No existe el tal para agrario.

Afirmación categórica que pocas horas después el Presidente Juan Manuel Santos tuvo que reconocer que se equivocó, porque la realidad era otra y no se podía ocultar sus alcances.

Las organizaciones sociales lo expresaron por todos los medios y en todas partes antes de firmarse el Tratado de Libre Comercio (TLC), primero con EEUU y luego con la Unión Europea, que éste iba a ser el acabose del campo. Sólo han hecho falta algunos meses para constatar que era cierto, que la gente que alimenta este país no puede sobrevivir con la asfixia que le imponen los aranceles de toda clase, la competición con países tecnificados y que subsidian su producción agrícola.

Esto no es nuevo, sucedió en la presidencia de Cesar Gaviria, por cierto el cobro histórico ha sido elegir a su hijo en el parlamento colombiano. En los albores de la década del /90 implementó con toda la crudeza el neoliberalismo, supuestamente mediante éste se regularían los productos en el marco del libre mercado. Es bien conocido por todos que eso no es cierto, porque dos décadas después “campesinos” de países como EEUU y Europa siguen recibiendo subsidios a su producción, con lo cual el campesino colombiano no tiene ni la más remota posibilidad de competir. Hecho que ha llevado en poco más de tres décadas a que se pase del 70% al 30% la población colombiana que vive en el sector rural.

En el entretanto se inició la feria que se crea con la liquidación de empresas públicas, porque en un libre mercado ya “no son necesarias”. Encabezaron la lista el Incora, el Idema, la Caja Agraria. Sin que dichas empresas fueran el gran respaldo al campo por la corrupción campante de sus directivas, en algo paliaban las necesidades del sector agrario.

Hace unos meses se anunció, si no hay cambios en la política impuesta, producto de los TLC, habrá Paro Nacional Agrario. La respuesta del Gobierno de Santos fue que éstos eran acuerdos bilaterales y no se podían cambiar, por lo tanto la desatención continúo.

Las “caceroladas” de solidaridad de población citadina hacia la campesina no se hizo esperar, empezaron en Tunja y progresivamente se han ido extendiendo a lo largo de los días a varias ciudades del país, porque es claro que el campesino es importante para un territorio, sin embargo no lo considera así el Gobierno colombiano.

Una semana después de iniciado el Paro, no tuvo mejor idea Santos que decir que el tal paro nacional agrario no existe, luego en la escalada del paro, manifestó que se saldría de la tormenta, lo que no dijo es a que costo y al final, después de un día pasado por fuertes tensiones y enfrentamientos, algunos desbordados y con víctimas mortales, expresó que ordenaba a la fuerza pública que despejaran las vías del país a como diera lugar. Ante lo cual, la dirigencia campesina tomo una posición pacífica y de diálogo, la bola sigue en el tejado del Gobierno.

El jueves en una manifestación de solidaridad liderada por estudiantes de la universidad pública en la ciudad de Ibagué, un campesino con el rostro angustiado decía: “Son pocas las opciones que tenemos. Dejarnos morir de hambre, salir a protestar o empuñar un arma”. Es claro que se está perdiendo la esperanza y cuando eso pasa, cualquier cosa puede suceder. La historia colombiana está llena de experiencias de confrontación para poder obtener algo por parte de la gente más pobre, así que el Gobierno de Santos tiene la tarea de ofrecer soluciones reales a sectores fundamentales como el que garantiza la seguridad alimentaria, hay que recordar que un país sin ella, es un país dependiente y sin capacidad para desarrollarse de forma sostenible.

En este momento Washington está pensando en Siria, como atacar, quizás por ello no ha tenido tiempo para instruir a la elite colombiana para indicar que es lo que debe hacer, mientras tanto se dan bandazo por parte del Gobierno colombiano, las declaraciones desde el presidente hacia abajo han ido tomando un carácter desafiante, desesperanzador, confuso, amenazante y poco propositivo. Evidencia de ello es que Santos entre el jueves y viernes pasado, en menos de 24 horas tuvo que realizar dos interlocuciones para aclarar sus intervenciones anteriores y decir entre otras cosas, que sí hay paro, que se respeta la protesta pacífica y que se tiene la disposición a negociar, aunque a renglón seguido ordeno a 50.000 efectivos de la fuerza pública salir a represaliar las protestas en todo el país.

En Colombia a toda la población le recorre el tejido construido desde el campo. Es un país de agrodescendientes, sin embargo, la mayoría de sus gentes  desconocen o reniegan de este pasado-presente y no quieren entender que sin ese flujo sanguíneo no se puede vivir.    

domingo, 25 de agosto de 2013

Drogas, Legalización y Paz



El profesor Carlos Gaviria Díaz, estuvo en la Universidad del Tolima el pasado 22 de agosto, allí compartió con la comunidad universitaria sus reflexiones en el marco de la Cátedra de Conflicto y Construcción de Paz, con la conferencia “Drogas, Legalización y Paz”. Gaviria hizo un acercamiento a la temática desde la democracia, es decir, la libertad que tiene el individuo de decidir sobre su cuerpo respetando la libertad que tienen el otro individuo. Recordemos que Gaviria cuando fue magistrado de la Corte Constitucional fue el ponente de la dosis personal.

Gaviria es profesor universitario, jurista, político, pero ante todo un humanista. Retoma la idea que quien se adelanta mucho a su tiempo debe esperar en un lugar incómodo. Y deja entrever la esperanza que se abre para pensar el problema desde otras dimensiones con la legalización de la marihuana en Uruguay.

Encuentro Nodo Centro de RedUniPaz

Entre el 15 y 17 de agosto pasado se llevó a cabo el Encuentro del Nodo Centro de la Red de Universidad por la Paz en Bogotá. Las mesas que tuvieron lugar: Desarrollo, Territorio, Minería y Paz; Derechos Humanos y Paz; Cultura, Educación, Comunicación y Memoria; y Política, Universidad y Paz, las primeras dos sesionaron en la Universidad Autónoma y las otras dos en la Universidad Santo Tomás.

Este encuentro preparatorio hacia el VI Congreso Nacional y el I Internacional de REDUNIPAZ a celebrarse en la ciudad de Cali entre el 24 y 26 de octubre próximo, en memoria del profesor Alfredo Correa D´Andreis, permitió una intensa reflexión sobre diversos problemas que desde la academia se deben tratar de manera articulada con la sociedad civil. La coyuntura actual de diálogos en la Habana, los procesos de megaproyectos extractivos de recursos naturales, la incidencia del TLC en la microeconomía nacional, entre otros, hacen necesario que desde la academia se intensifique su focalización, con el fin de hacer propuestas claras al país para enrumbar caminos hacia la democracia, la paz y el desarrollo sostenible.

domingo, 4 de agosto de 2013

Visita de Alfredo Molano a la Universidad del Tolima


En abril del 2010, tuve la oportunidad de compartir con Alfredo Molano Bravo una mesa en las Jornadas Internacionales de Cultura y Paz de Gernika, País Vasco. Alfredo es quizás el mayor cronista de Colombia, con su miles de kilómetros a cuesta, yendo detrás de las historias de gentes colonizadora de los más remotos lugares de Colombia.

El 13 junio de este año, Alfredo visitó la Universidad del Tolima, Ibagué - Colombia, para participar de la Cátedra de Conflicto y Construcción de Paz. Nuevamente tuve la oportunidad de compartir mesa con él. Sin lugar a dudas sus reflexiones sobre la tierra y la minería dejan entrever por donde hay que enfilar la reflexión académica y la acción popular para que se escuche las demandas sociales y se actúe en consecuencia desde el campo político.

Gracias a sus textos y testimonios muchas generaciones hemos comprendido mejor la Colombia del siglo pasado y la que está caminando en el presente. Por ello, sí queremos entender muchas de las claves del conflicto colombiano y su transformación positiva hay que leer a Molano.

Grato encuentro con un gran escritor


Aquellas tardes de lectura de principios de los años /80, me llevaron a conocer fascinantes mundos a través de obras de literatura nacional y de otras partes del mundo. Sin lugar a dudas junto con Gabo, Germán Castro Caycedo me ayudo a enamorarme de las historias macondianas de Colombia.

Tuve la oportunidad de sentarme frente a Germán el 7 de junio pasado en el Instituto Jean Piaget, en Florencia – Colombia, aproximadamente tres décadas después de iniciar a leer sus libros.

Ese momento único, lo aproveche. Sabes Germán que al protagonista de la obra mi Alma se la dejo al diablo, una hermana suya vivía frente a nuestra casa, ella era profesora, a él lo velaron allí. Haciéndome como el olvidado, le dije, no recuerdo su nombre, rápidamente y sin titubeo me respondió Benjamín Cubillos.

Indudablemente un buen narrador aparte de ser ameno en su escritura y tener estrategias para armar sus relatos, debe tener buena memoria.

martes, 11 de diciembre de 2012

El Árbol que Llora

¡Yo he sido cauchero, yo soy cauchero! Viví entre fangosos rebalses,
en la soledad de las montañas, con mi cuadrilla de hombres palúdicos,
picando la corteza de unos árboles que tiene sangre blanca, como los dioses.
La Vorágine – José Eustasio Rivera


Existen tres clases de árboles amazónicos de caucho que desde el punto de vista industrial revisten mayor importancia: Hevea brasilensis (la más apreciada), Hevea guianensis y Castilloa Ulei. Sus semillas fueron robadas y llevadas a Asia, lugar donde se trasladaría la industria del látex cuando sucumbió esta producción en la Amazonía.

Los indígenas omaguas llamaban a un árbol heve y a la resina que emanaba cauchu que quiere decir el árbol que llora. Pareciera una premonición con tal significado como lo señala Javier Reverte en su libro El Río de la Desolación. Un viaje por el Amazonas: “El llanto de aquel árbol iba a producir, alrededor de un siglo y medio más tarde del anuncio de Charles Marie de La Condamine, –sabio y geógrafo francés que hablo por primera vez de este árbol en 1745-, millones de lágrimas en los ojos de los indios. Muchas etnias, entre ellas la de los omaguas, - se extinguirían por completo, mientras que otras, como los huitotos, apenas suman hoy unos centenares de individuos”.

Las condiciones infrahumanas que vivieron indígenas amazónicos durante años de vejaciones, tortura y muerte eran tan duras que quizás ni en el África de la esclavitud europea se hubiese vivido en ningún momento. Como dijera el ministro Laborista Edgar Gray cuando conoció el informe de Roger Casement “no es duro decir la verdad; la dificultad consiste en hacer que la crean”.

Sir Roger Casement, diplomático británico de origen irlandés, después de haber sido reconocido con los mayores honores por la corona del país que representaba, renunció a ellos, porque prevaleció su dignidad personal y la de su pueblo de origen, muriendo en la horca por una supuesta traición a la patria que consideró de manera abierta no era digna representar. No se tuvo la consideración popular y su decisión de denunciar fechorías en las que estaban involucrados gobiernos y empresas europeas.

Las coordenadas de la historia se cruzaron en 1912. En julio se publicó el informe que Sir Casement había preparado después de un año de navegar y caminar por la región amazónica, cuando era Cónsul en Manaos, llamado el Libro Azul, luego se publicó una versión más conocida en el mundo hispano como el Libro Rojo del Putumayo. Casement nunca pudo superar el daño psicológico que vivió, pues ni siquiera era comparable su vivencia de 19 años de diplomático en la República Independiente del Congo, donde se desarrolló una estrategia de explotación malsana por parte del Rey Leopoldo II de Bélgica, a quien las potencias occidentales, en la Conferencia de Berlín de 1885, habían dado ese territorio de más de dos millones y medio de kilómetros.

Las condiciones de vida y laborales de los nativos de las selvas amazónicas eran infrahumanas, la empresa Peruvian Amazon Rubber Company, más conocida como la Casa Arana cuyo propietario Julio Cesar Arana, de origen peruano, imponía a su libre albedrío las condiciones que quería, contando con la anuencia de empresarios ingleses quienes habían aportado capital para el proyecto extractivo.

En 1912 se vino a pique la economía del caucho, al parecer las denuncias de Roger surtieron efecto al fin en las consciencias políticas de los empresarios ingleses, pero también pudo deberse a que el crecimiento de las plantaciones en Asia de este producto, donde los propios ingleses habían llevado las mejores semillas robadas de las sepas amazónicas ya eran más apropiadas para su economía.

Y para acabar de redondear, en agosto de 1912, sucumbía el proyecto de creación del Ferrocarril Madeira-Mamoré, una salida para Bolivia hacia el Atlántico que cofinanciaba Brasil. El saldo fue atroz, 1552 hombres fallecidos en el hospital, durante los seis años anteriores de este último proyecto ferroviario. Aunque algunos cifran las muertes en más de seis mil personas, quizás por ello un nombre dado a esa vía resume bien lo que significo: El Ferrocarril del Diablo.

La Amazonía ha sobrevivido a titánicos proyectos humanos, porque los ha devorado como en el mito de Yurupary, tragándoselos por el culo y vomitándolos lejos de allí. Porque en ella habitan fuerzas naturales y espirituales que la protegen mediante sus bosques y ríos o también, porque es resguardada por pequeños insectos que inoculan el Plasmodiun falciparum, que produce la clase de malaria más mortífera o porque comunidades indígenas casi extinguidas en épocas de la explotación del caucho, como la huitota, se han empeñados en mantener sus modos de vida sostenibles.

El presente siglo, nuevamente, ha traído una nueva oleada de extracción, minera  esta vez. Se esta ad portas de vivir un nuevo capítulo de la barbarie humana, quizás el más feroz asalto hacia la Amazonía. Esto es debido a que la tecnología con la que cuenta las multinacionales para realizar la extracción de sus riquezas es sencillamente efectiva y letal, además, porque tienen la laxitud de las leyes creadas a su medida, así que no habrá libros azul o rojo que vayan a detener su actuación mediante la denuncia.

Hay que tener presente, la Amazonía, nunca ha estado en el olvido, como muchos parroquianos consideran.  Este territorio, siempre ha estado en reserva, pero hoy se abren las puertas al mejor postor que deje más réditos a quienes gobiernan.

Si no se actúa con un compromiso regional sostenible, de manera inteligente y efectiva, articulado entre el ser humano y la naturaleza, podremos seguir el fin de los indígenas omaguas; quienes con el significado dado al caucho: El Árbol que Llora, hicieron una clara premonición del dolor que produce la muerte y la desolación de la violencia contra los nativos y la madre tierra en la región amazónica.