lunes, 13 de marzo de 2023

Desmilitarizar la vida en mentes y cuerpos

 

Hoy la esperanza nace de la posibilidad de entrar en un tiempo nuevo

 en el que lleguen por fin los ciudadanos de los valores gratuitos de la paz y la reconciliación,

por encima de la lucha por votos, del dinero y de las armas que no conocen de gratuidad.

Francisco de Roux

 

Recientemente hicimos un Seminario en dos espacios para reflexionar sobre el tema de la desmilitarización de la sociedad. En Ibagué en la Universidad del Tolima y en Florencia en la Universidad de la Amazonia. Fue una oportunidad para escuchar voces que plantearon la necesidad de entrar en una senda, que nos permita avanzar hacia la transformación social por vías civilistas para alcanzar la paz.

 

Las sociedades en general y la colombiana en particular, con un largo conflicto armado, dan pie a que se normalice la militarización, no solamente con el camuflado, si no también en los discursos. Es por ello que debe hacerse un ingente esfuerzo por toda la sociedad, especialmente por el espectro gubernamental, para que las instituciones castrenses cumplan su rol constitucional, teniendo claro los Derechos Humanos. Y, por su parte que las instituciones civiles, fundamentalmente las educativas y culturales, lideren las transformaciones creativas, pacíficas y democráticas, de tal manera que se generen procesos hacia la convivencia entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza.

 

La Ley 2272/2022, en su artículo 11, Modalidad del servicio social para la paz, abre el camino para desmontar un porcentaje importante del cultivo de la militarización de la sociedad, al ofrecer a la juventud la oportunidad de prestar un servicio social sustitutorio al servicio militar obligatorio. En ese sentido, podrán contribuir con su tiempo en labores de alfabetización digital, apoyar a víctimas, en la refrendación del Acuerdo de Paz, difundir la política pública de paz, proteger la biodiversidad, promover la paz étnica, apoyar a las personas en condición de discapacidad, impulsar la reforma rural integral, apoyar a damnificados y, en gestión de riesgos y cambio climático. Es decir, aportar plenamente al cuidado de la vida, a la construcción de paz.

 

Johan Galtung apunta una clave fundamental en el título de su texto clásico e imprescindible para el relacionamiento humano Paz por medios pacíficos, el cual nos puede ayudar a visualizar ese caminar para conocer los territorios y sus problemáticas al que nos invitaba Alfredo Molano Bravo.

 

El seminario Desmilitarizar la vida, una apuesta democrática para la paz, propicio temas para seguir profundizando en las distintas esferas del Estado colombiano y en todos los rincones del país. Además, porque la Paz Total nos brinda condiciones para tratar el conflicto político armado de manera amplia y dialogada, ya que el ruido de los tiros nos impide escucharnos, pensarnos como sociedad un tratamiento amplio, generoso y humanista, teniendo presente que la violencia regresa, especialmente en la periferia, como La Hidra de Lerna y pareciera que no hubiese opción a cauterizar la multiplicidad de formas de sus expresiones. Así que debemos construir las barreras democráticas, donde toda -al menos la gran mayoría- la sociedad en un pacto por la vida, cierre esfuerzos educativos, culturales, económicos, sociales y de voluntad política, para evitar que se encienda el país.

 

La cultura de paz, es el mejor horizonte que tenemos para alcanzar una Colombia armónica, es decir, desmilitarizar las mentes y cuerpos para abrir paso a los discursos y prácticas cotidianas democráticas, para que entre todas y todos levantemos la bandera de la paz, que haga parte de la impronta del alma nacional.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Des-aparecidos en Puerto Torres

 

Hijo símbolo de Dios… tú eras muy pequeñito cuando él se fue.

Me dolió tanto engañarlo por muchos años,

18 años diciéndole mentiritas que él iba a regresar

Madre a su hijo en acto del 4NOV2022

 

Han pasado dos décadas desde el momento que un grupo de investigación forense de la Fiscalía General de la Nación en el 2002, donde trabajaba la antropóloga forense Helka Quevedo, encontró 36 cadáveres en fosas clandestinas individuales que habían cavado los paramilitares en la inspección de Puerto Torres, municipio de Belén de los Andakíes – Caquetá. Todo indica que estas personas antes de ser asesinadas, fueron torturadas en el aprendizaje de la crueldad, luego eran enterradas para borrar toda evidencia de la acción criminal.

 

El cuerpo es un territorio que narra. Esa es la labor que se hace desde diferentes ciencias, interpelar e interpretar lo que aparentemente no puede hablar, pero que a través de las huellas dejadas por los victimarios cuentan acerca de su sufrimiento, y pese a todo, mantienen su identidad.  

 

El último Andaquí, escultura del maestro Emiro Garzón, recibe a las personas que visitan a Belén de los Andaquíes. La expresión que presenta la escultura, como lo menciona el profesor Gonzalo Sánchez, sale de la tierra como un fuerte clamor que quiere ser ocultado, hundido en la tierra por los brazos que se le contraponen y le jalan. Precisamente es lo que hoy claman los huesos inermes de desaparecidos y desaparecidas que están en fosas comunes de distintas partes de Colombia: que no los dejen enterrados y silenciados para siempre y poder salir de esa caverna cruel en que les abandonaron sus victimarios. Los 36 cuerpos que fueron hallados en la inspección de Puerto Torres en el 2002, siempre han narrado. Por esa razón, y pese a la dificultad de atención institucional, poco a poco van logrando su identidad, especialmente, por la persistencia de sus familiares.

 

El crimen de la desaparición forzada ha sido una práctica que creció exponencialmente con la presencia paramilitar en los territorios colombianos, quienes se ensañaron contra las comunidades de territorios abandonados por el Estado, por donde circulaba la guerrilla, siendo señalados de auxiliarlas o porque supuestamente se confabulaban con sus actividades. En el Informe Final de la Comisión de la Verdad, se señala que aproximadamente son 120.000 compatriotas que fueron víctimas de la desaparición forzada, la cual como ocurrió en Puerto Torres, se le agregó la crueldad de ser convertidos en territorios de aprendizaje para formar criminales en la llamada “Escuela de la Muerte” en el antiguo colegio Monseñor Gerardo Valencia del lugar.

 

El pasado 4 de noviembre, se llevó a cabo un acto de siembra de árboles por los últimos 6 cuerpos identificados, en el Bosque de Paz creado en el 2014 por el Centro Nacional de la Memoria Histórica, con el apoyo del Jardín Botánico de Bogotá en la reserva Van der Hammen. Allí estuvieron presentes familias de los hasta hace poco tiempo desaparecidos, hoy des aparecidos con identidad.

 

Del grupo de 36 cuerpos, todavía faltan 18 por identificar, los cuales se encuentran a la espera de ser enterrados con nombre propio y descansar en paz, para que sus familiares puedan realizar el correspondiente duelo y rehacer sus vidas en medio del dolor y la resiliencia.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Coreguaje / Korebajú “hablamos para sanar”

El Pueblo Korebaju suele decir que habla para sanar, porque sabe que dotando de sentido la experiencia a través de la palabra, puede sacar del cuerpo y de la mente la experiencia vivida y lanzarla hacia fuera, hacia los otros y hacia el mundo y hacer manejable las adversidades y, además, proyectar el sentido hacia un horizonte de expectativas del tamaño de sus esperanzas.

La guerra ha dejado miles de hechos luctuosos, realizados por distintos actores armados, en la sociedad colombiana. Las cicatrices dejadas en los cuerpos de las personas y de la sociedad son muy profundas, especialmente las dejadas en los pueblos étnicos invisibilizados y abandonados a sus propias fuerzas, en medio de la indiferencia de la sociedad nacional mestiza y la voracidad de un aparato estatal absorto en la corruptela y la manipulación de la información y del poder.

En este escenario, la reparación material y, sobre todo, la espiritual, requerirá mucho tiempo para alcanzar un punto de equilibrio, que ponga a los pueblos ancestrales en el lugar que les corresponde en el concierto de la sociedad colombiana. Por tanto, es importante contribuir a reconocer hechos históricos, como el sucedido el 5 de octubre del 2021 en Florencia - Caquetá. Ese día, las FARC-EP, en cabeza del comandante del antiguo Bloque Sur, Joaquín Gómez, junto a otras personas que lo integraron -Fabián Ramírez, Omaira Rojas y Rodolfo González-, hicieron un Reconocimiento público por las afectaciones causadas al pueblo Korebaju, y pidieron perdón. 

En el acto llamó la atención, que quienes asumieron la responsabilidad por parte de las FARC-EP ante el pueblo Korebaju, ante la sociedad caqueteña, colombiana y la comunidad internacional, luego de profundas reflexiones sobre los hechos de violencia que infligieron, aceptaron que, si bien no tenían como meta exterminar al pueblo Korebaju, al someterles, acabar con sus formas organizativas y su gobierno propio; llevaron a la comunidad a una situación de exterminio.

Solo la incomprensión de las diferencias entre pueblos y culturas podía haber llevado la barbarie hasta estos límites, porque, según lo expuesto, el Plan de Vida autónomo del pueblo Korebaju, para caminar por sus propios derroteros de cultura, cosmogonía y territorios -una aspiración que en la cultura nacional mestiza catalogamos de democrática- iba en contravía del proyecto político-militar de las FARC-EP. El Plan de Vida Korebaju se convirtió en una forma de resistencia pacífica que le costó la vida, aproximadamente, al 2.5% del censo poblacional de la comunidad.

En el proceso de Reconocimiento, durante los encuentros previos -virtual y presencial- hubo mucha tensión; sin embargo, prevaleció, por ambas partes, el respeto por la integridad del otro. La petición de perdón por parte del grupo de representantes la antiguo Bloque Sur, fue un acto que generó tranquilidad y confianza en el pueblo Korebaju, pues el giro ético que se evidenció por parte de quienes estuvieron en la guerra, al reconocer las agresiones efectuadas y pedir perdón a sus víctimas, violentadas en su cuerpo y en su dignidad, selló un compromiso público para nunca volver a las armas.

El pueblo Korebaju llegó en grupo al Reconocimiento, con vestimentas y utensilios de su cotidianidad. Una de las mujeres del grupo se subió a la tarima para seguir tejiendo una mochila, luego convocó a todas las personas presentes en ese escenario, a realizar su puntada, con el fin de crear un tejido fuerte, colectivo, de amistad y de respeto por la sangre hermana que corre por los cuerpos de las colombianas y colombianos, como las venas generosas de los ríos que recorren el cuerpo de la Amazonia, para asegurar la continuidad de la vida, no solo en esta parte parte, sino en la totalidad del planeta.

El llamado más profundo es evitar nuevas afrentas a la dignidad humana, para que no se generen más víctimas. Los costos en el proyecto de la vida y en particular en el proyecto humano están a la vista. Cada una de esas acciones violentas van dejando sus marcas en el cuerpo físico, en el espiritual y en la cosmogonía de las comunidades. Por eso, el giro ético no debe ser solamente por parte de quienes actuaron con las armas y de aquellas personas que persisten en ellas; debe ser también, por parte de toda la sociedad, para proteger la vida, la fraternidad y el respeto integro de todas las culturas. En últimas, porque lo que sucedió se gestó y se movilizó desde las entrañas mismas de la sociedad colombiana, a la que se le impuso un proyecto de cultura eugenésica y racista que ve los daños a los pueblos ancestrales como cosas menores.

Los pueblos indígenas en el territorio han sido los mejores aliados de la vida. La invitación es a recordar, reflexionar, actuar y significar, teniendo como referencia el fraternal mensaje que trajo el 5 de octubre del año pasado el pueblo Korebaju en el Reconocimiento, para abrir caminos a la reconciliación: los hijos e hijas de las tierra hablamos para sanar.

martes, 27 de septiembre de 2022

Luis Iriondo, un narrador del Bombardeo de Gernika

 

Luis Iriondo y Fernando Cruz Artunduaga. Gernika, 26ABR2018


A Luis iriondo le conocí en el invierno europeo de 1999. Le recuerdo como una persona seria, generosa con las manos y la memoria. Para entonces, donaba parte de su tiempo como maestro de pintura en la Gernika-Lumoko Kultur Etxea (Casa de Cultura de Gernika). Allí enseñaba a pintar a niñas y niños del pueblo. Para Luis, su espacio vital del arte era sagrado. Y con relación a la memoria, sin lugar a dudas, de todas las personas sobrevivientes del Bombardeo de Gernika, ocurrido el 26 de abril de 1937, fue el que más narró y ayudó a reflexionar y recordar este luctuoso hecho para que no se repitiera nunca más. Ni en Gernika, ni en ninguna otra parte del mundo.

El pasado 3 de septiembre Luis cumplió 100 años y se marchó ayer lunes 26 de septiembre, cuando recién despuntaba el otoño en Europa.

Hoy doblan las campanas por Luis, quien siempre tuvo disposición a contar para denunciar, y que el mundo nunca olvide el desastre de la violencia. Fue fiel al lema de las personas sobrevivientes del Bombardeo de Gernika ¡Perdonar sí, olvidar jamás!

Eskerrik asko - muchas gracias Luis, te deseo buen viaje por el universo... agur - adiós.

martes, 20 de septiembre de 2022

Mirada Integral para la Paz Total


"Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo
cuando tiene que ayudarlo a levantarse".
Gabo

La Paz Total, para tejer una mirada integral debería pasar al menos por tres niveles de miradas: abajo, atalaya y horizontal.

La comunidades indígenas amazónicas nos han enseñado que se mira más lejos desde abajo. Al ponerse en cuclillas, se puede sobrepasar la frondosidad de los arboles y ver amplios trayectos en terrenos, que, como la Amazonia, aparentemente son planos, y así identificar quién o qué se aproxima. La mirada desde el atalaya, principalmente nos llegó de occidente. Nos permite ver por encima de las ramas a grandes distancias. Y, por último, la mirada horizontal, nos permite ver a poca distancia, eso si, con más detalle, al cruzarse la mirada con el tronco del árbol, en este caso con la mirada del otro, de la otra.

Para la Paz Total, se requiere especial énfasis en esta última, la mirada horizontal. Nos permite mirarnos a los ojos para encontrarnos como seres iguales, como gente que quiere lo mejor para su país, para su familia, para sí mismo o misma.

Ya en este punto, permítanme relacionar la mirada horizontal a una historia, en la que un grupo armado al margen de la ley -en otro país-, cuando actuaba "militarmente", se acercaba a sus víctimas por atrás y tirando del gatillo le disparaban dos tiros en el cuello para asesinarlas.

En una ocasión, un miembro de esa organización iba detrás de su "objetivo" con pistola en mano dentro del bolsillo de su chaqueta, listo para actuar. Por esas cosas de la vida, que no tienen explicación, la persona "objetivo" volteó su cabeza hacia atrás y casualmente se cruzó de frente con la mirada -horizontal- de su victimario. Éste cuenta que, en ese instante fue incapaz de cumplir la misión criminal, no pudo tirar del gatillo. Así que continuó su camino, sobrepasó su "objetivo militar", y esa persona continuó con vida.

Si trasladamos este hecho a Colombia, se esperaría que la mirada de los actores al margen de la ley que se están sentando en la mesa de diálogo con el Gobierno Nacional, sea permeada de la ética del cuidado de la vida al momento de cruzar miradas horizontales con otros seres humanos. Es necesario una mirada integral por las partes que dialogan, para que las prácticas y experiencias internacionales, nacionales y territoriales en construcción de paz se pongan en relación y movilidad para evitar más pérdidas de vidas.

La Paz Total, necesita una mesa de diálogo de calidad, marcada por el respeto y las miradas horizontales de quienes allí se sientan, para que la cercanía permita generar las condiciones de confianza para que fluyan las ideas y palabras, dando oportunidad a que los actores locales, quienes son los que mejor conocen la problemática y, por tanto, su transformación positiva, tengan el reconocimiento y la correspondiente participación. Las comunidades, cuando tienen la posibilidad de hablar sin la presión de la fuerza que amenaza su integridad, ofrecen reflexiones atinadas sobre lo que acontece en sus entornos y también, las acciones a emprender para afrontar la situación, honrando la palabra para que se cumpla lo acordado.

Así las cosas, el diálogo privado y el público, deben coincidir plenamente para los reequilibrios que necesita la sociedad colombiana. Y con toda seguridad, la mirada integral, en especial, la mirada horizontal, será un pilar fundamental para alcanzar la Paz Total.

lunes, 9 de abril de 2018

El arte del asesinato político ¿Quién mató al obispo?


El Obispo, luego de la presentación del informe de Recuperación de la Memoria Histórica, Guatemala Nunca Más -REMHI- y enunciar que ya se tenía el inventario de la barbarie contra la sociedad guatemalteca, expresó: <<Creo que necesitamos empezar a trabajar otro pequeño proyecto>>, un nuevo informe sobre los <<autores intelectuales>> de las atrocidades cometidas durante la guerra. Sin saberlo estaba profiriendo su propia sentencia de muerte.

Sólo transcurrieron 48 horas para que las “fuerzas oscuras” ejecutaran la acción y le asestaran el golpe mortal a monseñor Juan José Gerardi Conedera, en la iglesia de San Sebastián, en pleno centro de Guatemala, a tan sólo dos cuadras del lugar donde operaba el EMP (Estado Mayor Presidencial), encargado de custodiar la seguridad del Presidente -para ese entonces, 26 de abril de 1998, Álvaro Arzú Irigoyen-, una de las instituciones con más denuncias por violación de los DDHH en el marco del conflicto armado interno.

El libro que lleva el título de este artículo, escrito por Francisco Goldmand, es un texto de investigación para esclarecer los motivos y perpetradores de tan horrendo crimen que conmovió a la sociedad guatemalteca y a la de muchas partes del mundo, hace justo dos décadas. Asimismo conllevó a conocer mejor lo que había sucedido en Guatemala en tiempos de la guerra.

De la orgía de sangre que bañó a Guatemala –especialmente muertes- durante la guerra que duró 36 años, se estima según la Comisión de Esclarecimiento Histórico que el 93% fueron realizadas por las fuerzas armadas y  el 7% por la guerrilla, razón de sobra para que las miradas por el asesinato de monseñor se dirigieran a las elites de ese cuerpo policial. Pero el brazo ejecutor no es el único culpable: el mapa del genocidio coincide, con la ubicación actual de buena parte de las empresas multinacionales que explotan minerales en ese país.

Pasada toda esa tragedia en esa nación centroamericana, la institucionalidad pactó luego de los Acuerdos de Paz firmados en 1996, un silencio de 50 años para poder desclasificar información sensible a sus intereses, argumentando que la sociedad guatemalteca no estaba preparada para conocer todo lo que pasó en el conflicto. De esa forma el silencio garantizaba la impunidad y el olvido. Monseñor se quería adelantar y los responsables de los crímenes garantizaron que el silencio siguiera.

En realidad, quienes estuvieron involucrados por fuera de la legalidad desde las instituciones estatales, no querían que se conociera la verdad, porque verían seriamente afectados sus intereses económicos y políticos. Afortunadamente, las víctimas sobrevivientes a partir de procesos judiciales, han logrado desclasificar documentos y planes militares que han permitido conocer la política contrainsurgente y de genocidio que se implementó durante la guerra.

Sin embargo, la falta de voluntad política del Estado para la búsqueda de la verdad, la justicia y la recuperación de la memoria, contribuyó a abrir un nuevo estadio de violencia en ese país centroamericano, afectando nuevamente a la sociedad. Hoy Guatemala cabalga hacia el abismo institucional, está al borde de colapsar, encontrándose que la guerra no era el principal problema del país, sino los problemas estructurales, el racismo, la impunidad y la corrupción.

Ese capítulo de la historia de Guatemala parece estar reeditándose en Colombia. Todos los esfuerzos de los responsables de la tragedia colombiana parecen estar dirigidos a que haya un solo culpable que se eche a cuestas todo lo malo que ocurrió durante la violencia: ese actor social es la guerrilla.  Los principales responsables de la tragedia colombiana se han victimizado y con ello están borrando su participación y sus culpas. La jugada maestra es doble: se exoneran de culpa y señalan al nuevo culpable de todo. Total, quedan limpios y, además, hacen de jueces implacables que juegan el papel de redentores, con los dividendos políticos que se derivan de poder otorgar la salvación.

Ahora solo queda el paso siguiente, que puede ser similar al que se dio en Guatemala: borrar de la faz de la tierra a cualquiera que pueda poner en duda la verdad construida desde los arcontes del poder que dicen cual es la memoria y verdad, como almacenarlas e interpretarla, para luego ponerla a circular. Total el campo está abonado hay unos malos que deben ser castigados y de paso habrá una sola verdad: la verdad como hija legítima del poder.

El arte del asesinato político, guardada las proporciones, podría ser el equivalente del texto de Gabo: Crónica de una muerte anunciada. El pueblo sabía lo que iban a hacer los hermanos Vicario y no reaccionó. Es así como los principales responsables de la violencia en Colombia se frotan las manos, al ver que como van las cosas, hay una candidez inusitada por parte de la población y no se hará justicia por sus actuaciones, de tal manera que se preparan para otros 200 años más de corrupción.

A 70 años del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, 9 de abril de 1948:

¿Quién mató al negro Gaitán? 

El arte del asesinato político en Colombia.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Unidad para el cambio o no hay cambio


Marcha Carnaval. Ibagué, junio 2017

Sí buscas resultados distintos,
no hagas siempre lo mismo
Albert Einstein

Colombia está cambiando. En todos los rincones del país se respira un aire renovador que pese a que las angustias económicas de las familias se incrementan, se guarda la esperanza que genera esa nueva oportunidad de cambio por los senderos de la democracia y la paz.

Más claro el agua sobre lo que ha pasado y pasa en Colombia: la clase dirigente más rancia y corrupta de Latinoamérica, se ha anquilosado en toda la estructura estatal, de tal manera que es casi imposible cambiarles. Hay quienes quieren desviar la atención al señalar, por ejemplo, que los problemas vienen de sectores que no ceden sus tierras a proyectos mineros o de aquellos que se alzaron en armas para reclamar derechos. En realidad ya se sabe que los principales males endémicos del país están en la corrupción, siendo la causa de que crezcan los cinturones de miseria. 

Muchas personas que lideran partidos y movimientos alternativos, progresistas, de izquierda, en sus discursos plantean la necesidad de cambio, sin embargo en la práctica continúan haciendo lo mismo. A veces pareciera que están al servicio de la clase dominante del país, al obstaculizar la llegada de otras personas a esos espacios de poder y decisión para que se transforme y florezca la nación.

Es así como las prácticas históricas de los partidos y movimientos políticos -de la procedencia que sea- no cambian y elección tras elección, todo sigue igual.

Los de centro hasta la esquina más de derecha, mantienen sus discursos y prácticas de campaña como la llamada TLC (Tamal, Licor y Cemento), un hábito que les lleva a perpetuarse en el manejo de los recursos públicos a su antojo.

Y los de centro hasta la esquina más de izquierda, no tienen la capacidad de motivar y aglutinar el descontento de gentes de todos los estratos y rincones de Colombia. Por ejemplo, contarles a la gente de a pie que un-a congresista gana 1 millón de pesos diarios, cuando el salario mínimo mensual es de 781.242 pesos…

Señores y señoras del arco Centro-Izquierda, hay que pasar de posiciones políticas egoístas y mezquinas, a ver las necesidades e intereses de las grandes mayorías de Colombia, para emprender ahora el cambio democrático y pacífico, sino también serán responsables de la tragedia humana que crece en el país con la inequidad y la marginalidad.

Colombia tiene hoy una gran oportunidad de cambio, así que hay que unir fuerzas para que el parlamento tenga una real renovación y luego ir por las presidenciales. En ese escenario, la política regional será la encargada de hacer la renovación, porque los centros del país no tienen ningún interés, están cómodos en los escritorios capitalinos que les eternizan gracias a su estrategia de discursos y prácticas demagógicas.

No queda otro camino y, es dar la oportunidad a quienes apelan a un discurso de esperanza, que sus hojas de vida no tienen tacha pública, que no tienen “rabo de paja”, en definitiva que no han tenido la oportunidad de llegar a los espacios de responsabilidad y decisión.

Esos rincones de Colombia, que están en la Orinoquia, los Andes, el Caribe, el Pacífico y la Amazonia, están citados a las urnas el 11M-2018, como único reducto de la democracia participativa que ha dejado la tradicional clase dirigente, para que expresen su descontento, votando por las opciones de cambio en cada uno de esos lugares.

Allí, quienes se encuentran en ese arco de la política del centro-izquierda -que no han tenido nada que ver con la corrupción- pueden hacer un acto de contrición y si realmente no están con quienes han ostentado el poder y quieren una transformación del país con justicia social, que lo ponga en el siglo XXI, es imprescindible que realicen alianzas o pactos transparentes que responda a la Colombia nacional y no a la Colombia política, para que llegue gente con la firmeza de hacer bien las cosas y a favor de todas las personas que aquí vivimos.

O cambiamos o nos sumergimos más en la miseria humana a la que siempre apuesta la clase política tradicional colombiana.