martes, 24 de marzo de 2026

Dictaduras con piel de oveja

En Argentina, 
las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental,
porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria
Eduardo Galeano

Exposición fotográfica de desaparecidos-as 
en un centro clandestino de detención, Argentina

El 24 de marzo de 1976, la Junta Militar encabezada por el General Jorge Rafael Videla inicia su acción dictatorial en Argentina; su acción criminal, miserable y cruel marcó no solo a la población de Argentina, sino también a la humanidad. 

Es por ello que, de las huellas de dolor, imposibles de borrar para sus víctimas, debemos aprender para evitar su repetición, especialmente porque hay versiones refinadas que se disfrazan de democracia y apuntan al negacionismo de hechos evidentes e investigados. 

La mano estadounidense estuvo presente, como no podía ser de otra manera. El gobierno de Richard Nixon, a través de su Secretario de Estado, Henry Kissinger, hizo todo el macabro juego al que se acostumbraron a implementar en distintos países y posicionaron su legado “libertario” que hoy renace de forma implacable, nuevamente con su respaldo.

Los militares administraron el país con mano dura y sucia. No escatimaron esfuerzos para ejercer crueldad. Sus ejemplarizantes acciones crearon un “miedo ambiente” en el país, especialmente en sus víctimas, al hacerlas sentir plenamente controladas; se aprovechaban de la esperanza que les creaban de respetar la integridad de sus familias y de retornarlas a la libertad. 

Es un hecho histórico: la sociedad civilizada de Argentina, iniciando por la organización Familiares, luego las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, fueron quienes, con su método socrático, de reflexionar con el andar, llevaron a cabo las acciones definitivas para la caída de la dictadura. El eco constante e incansable de sus voces de denuncia, especialmente de las mujeres, allí y en otras partes del mundo, nos da lecciones de lucha humanista efectiva. En Argentina, con cada paso firme, lograron abrir los orificios por donde luego pasarían las acciones para confrontar, denunciar y llevar ante la justicia a los responsables.

Las paredes de los centros de concentración clandestinos albergaron cuerpos, esencialmente de gente joven, que se quedó asesinada o desaparecida en el camino. Soñaban con un país distinto, democrático, donde la desigualdad en medio de la riqueza no generara miseria y las libertades fueran algo normal. Por ello, la lucha de organizaciones como “Las Abuelas de Plaza de Mayo” o de “Hijos e Hijas por la identidad y la justicia contra el olvido y el silencio”, quienes continúan su trabajo con firmeza y esperanza, tiene importante recompensa ética cuando encuentran a una persona desaparecida en tiempos de la dictadura militar.

Las dictaduras están retornando a la vista de todos, en diferentes partes del mundo, gracias a que se visten con piel de oveja; sin el más mínimo sonrojo, quieren hacer un revisionismo de la historia que ya está constatada, como es la desaparición de más de 30.000 mil personas en Argentina. Se dice rápido la cifra, pero no es tan fácil, cuando se sabe que detrás se incrementa con la de las familias que sufrieron y sufren las ausencias forzadas y violentas de sus familiares. Muchas personas sobrevivientes lograron superar el trauma y rehacer sus vidas; otras sucumbieron, porque la miseria humana no les dejó vivir. 

Las luchas de personas y organizaciones siguen vivas y vigentes. Algunas públicamente no se expresan por el riesgo que pueden correr. Pero, en sus acciones y conciencias habita la libertad. 

Hoy se conmemora en Argentina el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia para que Nunca Más se realice nada que vaya en contra de la integridad humana.

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