viernes, 7 de agosto de 2026

Desmilitarizar la vida cotidiana


“…la naturalización de la violencia, la militarización del país, la criminalización de la protesta social,  ha hecho que vivamos en modo guerra. Muchas veces, en guerra que no necesariamente usa armas,  pero descalifica, destituye, borra, estigmatiza”.
Lucía González, Comisionada de la Verdad de Colombia


Presento el texto: Desmilitarizar la vida cotidiana. Una apuesta democrática para la construcción de paz territorial, con el propósito de aportar algunas reflexiones que he realizado sobre la temática en el Caquetá, Amazonía colombiana. Este departamento ha sido sacudido históricamente por distintos procesos: colonizaciones, económicos, culturales, educativos y administrativos que han militarizado las prácticas diarias de su gente y, por tanto, de sus paisajes culturales y naturales.

La desolación que atraviesa el mundo, que alcanza impactos insospechados, también pasa por el Caquetá. En especial, por la juventud. Quienes no encuentran sosiego y respuestas a muchas de sus angustias. Es por ello que el refugio de la militarización de sus acciones ofrece un supuesto tótem protector. No obstante, y a medida que se va develando, desnuda sus reales pretensiones. Los riesgos están presentes en lo individual y en lo colectivo, profundizando aún más sus nefastos efectos.

La militarización de la vida cotidiana, hoy por hoy, se ha convertido en un tema de imprescindible reflexión. Desde el núcleo familiar hasta en los distintos espacios sociales. Basta detenernos un poco para que encontremos cómo las respuestas impositivas, para obtener respuestas sumisas, son frecuentes con poca perdurabilidad. Asimismo, son evidentes los impactos en la naturaleza. Por ejemplo, se puede constatar en los monocultivos y la potrerización de selvas para la ganadería extensiva, que arrasan la diversidad ambiental a través de la deforestación mental y territorial.  

Este texto sale al público en un momento en que, en Colombia, luego de vivir una corta etapa de ampliación y protección de derechos sociales y ambientales, crecía la esperanza de afianzarlos para que estuvieran en primera fila. Sin embargo, el resultado de las elecciones en la segunda vuelta presidencial da como ganador al candidato –cuestionado en el proceso de elección–, que se presenta y despide con saludo militar, envía mensajes con tono alterado, y, al parecer, por sus antecedentes, anuncia la militarización de la vida cotidiana a través de la institucionalidad.

En ese sentido, como lo indica el profesor Aníbal Quiroga Tovar en la contraportada del libro, el texto va develando cómo las doctrinas del miedo, la vergüenza, la manipulación y la obediencia se van imponiendo como si se tratara de un proceso de la misma naturaleza. Sin embargo, al mismo tiempo, se proponen alternativas para desmilitarizar la vida, desde los horizontes de la cultura, la educación, el arte y la participación ciudadana.

Es por ello que se hace necesario impulsar con más fuerza la construcción de paz por medios creativos y pacíficos. De tal manera que convoque a la sociedad civil, para continuar profundizando la democratización del país que con tanto trabajo, dolor y resiliencias se ha venido reconstruyendo desde hace décadas. 

En ese sentido, la desmilitarización de la vida cotidiana debe encaminarse a través de la cultura de paz, que como la define la UNESCO, es un conjunto de valores, actitudes, tradiciones y comportamientos que rechazan la violencia, promociona el diálogo, el respeto a los Derechos Humanos, la tolerancia y la solidaridad entre las personas.

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