lunes, 29 de agosto de 2016

Una guerra menos. Una paz mayor.


El 23 de septiembre en las sabanas del Yarí – Caquetá, la Conferencia Nacional Guerrillera de las FARC-EP refrendó de forma unánime el pacto alcanzado por su Delegación de Paz con los negociadores del gobierno colombiano en Cuba.

Hoy 26 de septiembre, en Cartagena de Indias, han firmado, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos y el Comandante de las FARC-EP, Timochenko, los Acuerdos de Paz de La Habana.

La guerra, cuya finalización se rubrico hoy, ha dejado tanta muerte, tanta desolación y tantos odios que tardaremos al menos igual tiempo para recuperarnos de ese desastre nacional. Si algo nos ha enseñado esta violencia es que debemos trabajar para que nunca se repita, para que no se vuelva a ese pasado por más diferencias que se tengan, para evitar, por vías democráticas, el levantamiento de nuevos grupos humanos para exigir una vida y un lugar legítimo bajo el sol.

El pasado 23 de septiembre, se veía en las caras de la guerrillerada la alegría por el final de la guerra. Quizás por  la zozobra, por el cansancio, por ver que se pasaba de la desesperación a la esperanza de una vida digna en la cual podrían buscar hacer sus sueños realidad. Hoy, 26 de septiembre, las caras de la mayoría de la población colombiana presentaba un rostro amable para saludar a aquellos que regresan al seno de la sociedad para que todos juntos avancemos en forma pacífica, a la conquista del porvenir.

La guerra que termina tiene más ganadores que vencedores y vencidos; también tiene víctimas que conocerán la verdad y serán reparadas. La guerra nos dejó enseñanzas y aprendizajes que no podemos omitir para construir un país donde los niños y niñas puedan crecer con opciones de futuro.

Con su habitual franqueza, hace 20  años, Fidel Castro le dijo al presidente Ernesto Samper Pizano: “en Colombia tienen un problema de ineptitud en el conflicto armado, porque el gobierno no es capaz de derrotar a la guerrilla y ésta no es capaz de hacer lo que nosotros hicimos en Cuba, tomarnos el poder. Así que lo mejor es que negocien.”

Sus palabras señalaron el camino. Mucho se perdió durante el período de guerra, ahora tenemos que trabajar unidos para evitar el retorno a la violencia, para recomponer tejidos sociales rotos, para que las víctimas rehagan sus vidas.

Los adultos tenemos la responsabilidad de ser fiel a las palabras que decimos, que este mundo nos lo han prestado nuestros hijos e hijas. En esa dirección propiciar las condiciones para que sea realidad ese postulado, es decir, evitar el crecimiento de odios, no acabar los recursos naturales y posibilitar que todos y todas tengamos acceso con equidad a los bienes que genera la sociedad.

Colombia emprende hoy el camino histórico de vivir con una guerra menos, y no es cualquier guerra, es una que ha dejado en el camino millones de familias destrozadas, campos desolados, confianzas rotas, infraestructura dañada. Es por ello que todo el pueblo colombiano debe iniciar sin pérdida de tiempo su reconstrucción, para que las nuevas generaciones reciban un país con una paz mayor, donde no se niegue el existir del otro por más diferencias que se tengan y se posibilite por vías democráticas, la construcción de una paz perdurable, la dignificación de la vida humana en este hermoso país llamado Colombia.

¡Venga esa mano hermano y celebremos la vida en paz!

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